domingo, 2 de agosto de 2015

El olor a pan caliente trae recuerdos buenos



El olor a pan caliente siempre trae recuerdos viejos o nuevos pero siempre buenos. No hay forma posible de ligar el olor a pan caliente con otra cosa que no sea tan buena como el pan.

Ese olor que anticipa la llegada a la panadería, luego marca el camino de retorno mientras la nariz se guinda del 'humito', y al llegar a la mesa el pan ocupa siempre el lugar del centro.

Nos recuerda las manos tibias de la abuela, una tarde de primos, una casa cálida y un pan que se reparte, que se comparte porque pocas veces el pan es cosa individual.

Cuando huele a pan caliente, hay mantequilla y seguro también nostalgia, el olor abraza como una madre, reconforta y acaricia.

Hacer pan es conocer la receta del cariño, del consuelo y de la solidaridad.

¡Provecho comensales!


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