El producto debe fermentarse y el panadero debe esperar, sentarse y esperar. Allí es cuando sus pensamientos también quedan incorporados a la masa, entre los pestañeos y las caricias, las ideas también se van amasando.
Se debe tener cuidado de no tocar pensamientos ácidos o se dañará la receta, el método ocupa práctica pero un buen panadero es ecuánime.
Entre la primera, la segunda, la tercera fermentación y luego la cocción, hubo tiempo suficiente, no solo para transformar la materia, también para reposar la vida y el pan.